Autor:
Tomás Bastarreche Bengoa
Editorial:
Aranzadi (España)
Año de edición:
2010
ISBN:
9788499036649
Páginas:
558
El Ministerio Público moderno está definido a través de su función primordial: el ejercicio de la acción
penal, es decir, la activación del ius puniendi del Estado. Junto a ello, su posición en el conjunto del
sistema constitucional y su equilibrio de poderes resulta esencial para definir sus rasgos institucionales y las propias atribuciones/controles otorgadas a la institución. De ahí proviene la razón fundamental de la elección de nuestros ejemplos: El MP holandés ejerce su acción penal bajo el principio de oportunidad y es dependiente del Gobierno. El MP italiano, la ejerce sin embargo bajo un estricto principio de legalidad y posee una fuerte independencia del Gobierno. El MP español, se encuentra en ambas cuestiones en un punto intermedio. Eso nos permite un estudio que recorre todo el eje de posibilidades de configuración del MP. Además, la introducción del fiscal en el proceso penal supone la introducción de dos cuestiones básicas que van a determinar para siempre el modelo de proceso penal acusatorio: primera, la actividad particular y propia del fiscal, principal responsable de la acusación; segunda, la posibilidad de la representación del interés público en el seno del proceso penal. Es posible comprobar que en ambas cuestiones, los tres MP poseen grandes diferencias; y ello tiene una profunda importancia y consecuencias jurídicas y políticas. No en vano, la relación del MP con el Ejecutivo condiciona el equilibrio de poderes/controles que debe establecerse en toda relación de poder dentro de un sistema democrático. La relación entre el Ejecutivo y el MF español es, cuanto menos, ambigua, y los términos que creemos le corresponden son los de autonomía y legitimidad propia y no dependencia/independencia como a sus homólogos holandés e italiano. La nueva reforma del EOMF (Ley 24/2007), que analizamos, creemos que refuerza esta afirmación.
SUMARIO: