A lo largo de un siglo, desde orígenes inciertos en sórdidos reductos marginales, el tango ascendió hasta convertirse en sinónimo del país que le dio origen. Reflejó la imagen y fue el producto de una sociedad estructurada sobre el hibridaje.
De la cruza de ritmos nativos con otros importados, nació la música porteña; de la mixtura de criollos, italianos, españoles y judíos, nació el hombre argentino cuyo espejo musical ha sido y es el tango. Por esto todas las crisis, regresiones, euforias y derrotas que canta el tango son también, a la vez, expresiones del ser argentino.